Afortunadamente hay profesionales excepcionales. La curiosidad me lleva a intentar entender por qué hacen el esfuerzo de ser extraordinarios. ¿Por qué hace usted su trabajo de manera brillante?

Una de las claves me le ofreció un taxista: tomé un taxi para visitar a un cliente y, sorprendido por el nivel de atención que me estaba ofreciendo, le pregunté por qué me estaba tratando de manera tan exquisita, si, después de todo, no me iba a volver a ver, salvo que la casualidad lo permitiera. Me explicó que la imagen del taxi estaba un poco deteriorada y que es una forma de contribuir a que los clientes tengan una percepción más positiva del mundo del taxi. No me quedé conforme con la explicación, no me parecía un argumento suficientemente contundente y sólido para explicar su actitud tan solícita hacia el servicio. Así que le volví a preguntar por qué, en el fondo, me estaba dando ese buen trato. Conseguí arrancar de sus labios el verdadero motivo de la actitud positiva hacia mí. Me respondió: “le intento dar un buen servicio porque no me da igual lo que usted piense de mí”.

Aquí está una de las claves del servicio al cliente. No nos puede dar igual lo que piensen de nosotros. Así que, especialmente desde ese trayecto en taxi, cuando alguien no me trata adecuadamente como cliente, lo que pienso sobre todo es que le da igual lo que yo piense de él o ella, que soy poco importante. Es arriesgado menospreciar el valor que tiene cada persona con la que nos cruzamos, ya que nunca sabes quién es quién ni qué oportunidades te estás negando al demostrarle a alguien que no te interesa.